
Hablemos de sustos.
El jumpscare (o susto que te hace saltar en español) se ha visto muy devaluado en los últimos años debido a algunas películas que usan el mismo recurso: monstruo que sale de la oscuridad, y sonido que aumenta de golpe para reforzar el sobresalto.
Sin embargo, justo es reconocer el trabajo de algunos directores que sí saben elaborar sustos de forma que provoquen un impacto duradero en el espectador.
Veamos dos ejemplos sacados del trabajo de un director en concreto.
Expediente Warren (James Wan, 2013)
Si hay un director cuyo nombre está asociado al susto de calidad, al menos en lo que a cine moderno se refiere, ese es James Wan.
Esta película, la primera de una larga saga y uno de sus títulos más conocidos, contiene una escena que refleja perfectamente el estilo de su director.
Me refiero a la escena de las palmadas.
En esta, la hija pequeña de la familia protagonista venda los ojos a su madre para jugar a un juego. La niña se esconde, y la madre debe encontrarla siguiendo el sonido de las palmadas que esta hace desde su escondite cada vez que ella se lo pide.
A lo largo del juego, la niña sale de cuadro y seguimos a la madre. La vemos entrar, atraída por el sonido, a una habitación donde hay un armario de aspecto siniestro cuya puerta se abre misteriosamente.

De este salen dos manos que sin duda no pertenecen a la niña, y hacen la palmada. Vemos al personaje ir hacia allí, creyendo que la ha encontrado, y rebuscar entre la ropa. La audiencia se prepara para el susto.
Sin embargo, nada ocurre. La niña aparece tras la madre, feliz de que no la encontrara y, por lo tanto, de haber ganado el juego. Pero la cosa no acaba ahí.
Por la noche, las palmadas regresan, pero ya no es un juego. La madre las oye y las sigue hasta el sótano, quedando encerrada y a oscuras. Solo la luz de unas cerillas que se van apagando una tras otra la ilumina.
Las manos de antes salen de la oscuridad y dan una última palmada, apagando la cerilla. El personaje, y la audiencia, gritan.
¿Qué hace funcionar a este susto? Básicamente, la construcción.
James Wan alarga la situación, la divide en dos partes y frustra las expectativas del espectador cuando cree que va a recibir el susto. Esto le hace ir acumulando tensión, además de incertidumbre por saber que algo llegará, pero no cuando.
De esta forma, el susto final no solo cierra el concepto de las palmadas y cumple su función de, en definitiva, asustar, sino que paradójicamente genera en quien lo ve una sensación de liberación.
En definitiva, lo peor para el espectador no es el susto en sí, sino la tensión que ha ido acumulando previamente y que le hace anhelar el desenlace, aunque le asuste, para no seguir soportándola.
Insidious (James Wan, 2010)
El director, como se ha visto en el anterior ejemplo, sabe manejar y estirar la tensión. Veamos ahora otro caso donde hace todo lo contrario: asustar mediante la sorpresa.
En la escena, la madre del protagonista acude a su casa para contarle un sueño muy extraño que ha tenido. Entramos en su mente, acompañados de una voz en off que narra. Vemos pasillos oscuros, puertas que rechinan, sonidos amenazadores.
Nos preparamos para ser asustados.

La narración sigue, y la escena parece llegar a su clímax cuando la madre encuentra una extraña figura de pie en la habitación de su nieto, señalando a este. El sonido sube, pero el gran susto no llega a pesar de lo tenso de la escena.
Volvemos al presente, con la madre culminando la narración. Mientras habla, el sonido baja. La iluminación adquiere un tono más blanquecino, asociado a la tranquilizadora luz del día. Nos creemos a salvo.
Grave error.
La madre levanta la mirada, acompañada de un extraño sonido que empieza de fondo, pero va ganando presencia. A corte, en el contraplano, la cara roja de un demonio nos mira desde detrás del protagonista.
La audiencia, y la madre, gritan.
En este caso Wan, gran conocedor de los mecanismos del género, juega con estos, principalmente con el sonido y la fotografía, para activar nuestra tensión en un momento de falso suspense, y bajarla cuando llega el verdadero susto.

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