Primero se ducha él, y se pone a preparar aperitivitos, mientras ella se ducha, ella sale un momento fuera a tender, y aparte de que la ayuda a tender, la dice que van a venir
algunos miembros de su familia, nota que ella cambia en seguida, se pone tensa, y otra vez introvertida, él intenta suavizar el ambiente, empieza a contarla cosas de su
familia, sobre todo de los que van a venir, la quiere contar la relación que tiene él con esos miembros de su familia, ella solo escucha y tiende, no habla, después se pone a ayudarle en la cocina, sin hablarle.
La distancia sentimental ha vuelto. Eso le fastidia a Rubie, pero le fastidia más no causar el efecto suficiente para que ella sea capaz de contarle qué la pasa con el tema de la familia, o de la gente en general.
Después ella se mete en su cuarto, Rubie puede escuchar cómo suena Amy en el interior de la
habitación, no está muy alta, quiere entrar y profundizar, pero sabe que no debe hacerlo, si lo hace será un error.
Poco después empiezan a llegar sus primos, la última en llegar es la madre de Rubie.
Como a la hora de que ya esté ahí su familia, Rubie se levanta y va a la habitación de ella, enfrente de la puerta, llama, ella abre pero la puerta está abierta lo justo para la cabida de su cuerpo, nada más, Rubie no puede ver nada, además tiene una cortina gruesa que no le permite ver nada más de la habitación. Rubie cae en la cuenta de que nunca ha entrado en su cuarto.
MARSIE
Dime
RUBIE
Ahm, perdona (nota que ella está molesta y seria, por la intromisión) es que, verás, a mi
familia le ha gustado mucho cómo han encontrado la casa, les he dicho que me has ayudado y les
gustaría que salieras a saludar, quieren darte las gracias.
MARSIE
Pues diles que ya me las has dado tú de su parte, y me los saludas tú
de la mía
RUBIE
Me preguntarán porqué no sales, y porqué todavía no te conocen, me
echaran la bronca, pensarán que es culpa mía, que soy yo el que te
dice que no salgas a verles cuando están aquí.
MARSIE
Francamente eso a mí no me importa Rubie, cuéntales lo que te de la
gana, qué quieres que te diga, me da igual. No es mi problema Rubie
CAPÍTULO IV
Todos sus primos se han ido, su madre es la única que queda, Rubie ya la ha notado extraña desde hace ya unas horas. Pero no la presta mucha atención.
La puerta está ya abierta, su madre en el umbral, él se acerca a ella con la intención de darla un beso para despedirla, y solo siente la sacudida, el ardor y el escozor pero no es eso lo que le petrifica en el
sitio, apenas siente el golpe. Su madre la acaba de dar una bofetada, una buena bofetada, de esas que sólo saben dar las madres, de las que haca años que él no recibe, le ha cruzado la cara a lo bestia sin pudor, sin ningún tipo de limitaciones, ni contemplaciones.
MADRE
Esta vida (hizo una pausa, está realmente afectada) no te pertenece
(se trata de algo serio) no es tuya.
RUBIE
Cómo
MADRE
He visto las fotos
RUBIE
Cómo
MADRE
He estado en su cuarto
RUBIE
No
MADRE
La he dicho que era tu madre, que quería darla las gracias por ayudarte esta noche con la cena y
con la casa
RUBIE
Pero eso es imposible, es imposible, no, no puede ser, su cuarto es su santuario, nadie entra
ahí nunca, no deja a nadie entrar.
No puede ser, no, no lo entiendo. A mí nunca me dejaría entrar en su espacio privado e íntimo. Es
impensable (Totalmente incrédulo)
MADRE
Pues yo he entrado, la he dicho que la quería dar las gracias por lo que estaba haciendo contigo, y me
ha dejado pasar. (Hace otra pausa) Esta historia no es tuya, no te toca a tí escribirla, no está en tus manos vivirla porque no eres el protagonista, y eso te está matando, por eso te sientes mal,
por eso tienes ese aspecto porque sabes que este no es tu futuro. Ni siquiera es tu presente. Así que
haz el favor de devolverla.
RUBIE
(Casi no le sale la voz) Mamá, ella
MADRE
No es para tí. Ella no es para tí. No lo es. Este no es tu sitio, no
es aquí donde debes de estar. No te he criado para que robes, y violes
un destino que no es el tuyo. Devuelve el tiempo que estás quitando. Haz lo correcto, devuelve
los momentos que estás sesgando, la vida que estás robando porque no voy a permitir que le hagas esto a mis hijos, no pienso permitir que les pierdas a ninguno de los dos,
ni que dividas vuestros mundos. Mírate, nada de esto es tuyo.
Devuélvelo Rub, es la última vez que te lo pienso decir.
Su madre se va, por las mejillas de Rubie se deslizan unas lágrimas. Esa es la noche en la que peor duerme.
Rubie y Marsie pasan todo el tiempo que pueden juntos, van a dar vueltas por lugares extraños para que ella haga sus fotografías, la lleva a todo lo que sale de arte. Cada vez más se acerca la fecha del examen del carnet de conducir, él suele decir que es la última fase del estudio, que le vendrá
bien, que no es bueno meterse tanto en los estudios y no sacar la cabeza de los libros, sobre todo si se quiere tener éxito. Así que practican un par de veces algunos deportes de
riesgo, van a hacer la compra los dos, ella le deja el coche y él va a recogerla a su trabajo para irse por ahí, sobre todo a conciertos en directo en salas sofisticadas, de la música que le gusta a ella, incluso se han quedado dormidos en varias ocasiones en el salón, los dos en el mismo sillón después de ver una de sus películas, también hacen un par de viajes de fines de semana, algunos de un día, van a
Valencia, a Córdoba, a Badajoz, a Toledo, a Aranjuez, dan innumerables vueltas por los sitios de Madrid, poco conocidos pero asombrosos, para él son viajes especiales, de
autorealización. Deja de hacer caso a la quemazón que siente siempre en el estómago y en el pecho, apenas se percata de ellas, no las presta atención.
Él está encontrando una armonía, se está empezando a sentir bien con esa convivencia, por primera vez, ha encontrado el equilibrio, porque es evidente que no ha conseguido lo que
se propone, que nunca lo conseguirá pero es algo muy cercano, es lo más parecido que puede obtener de ella, y eso le reconforta. Está de acuerdo con cómo está cada aspecto de
su vida. Siente que puede respirar hondo. Sencillamente le gusta su vida.
El día que aprueba el carnet de conducir teórico, se ocupa de no tener ningún plan con nadie más, lo quiere pasar con ella, sin ningún tipo de interrupción, y quiere hacer algo diferente. La convence para que salgan a una discoteca, para bailar, celebrarlo, y así agradecérselo, ya que los dos
saben que sin ella él no lo hubiera conseguido. Sabe que a ella no le gusta salir a ese tipo de sitios, ni de esas maneras, pero hace un esfuerzo. Para Rubie vale la pena, van
a un local de drum and bass y de reagee. Él lleva puesto una camisa de manga larga de botones blanca, una chaqueta negra de traje con cuello italiano, y unos pantalones de vestir
azules oscuros casi negros.
Ella se pone un vestido largo hasta los pies rojo, que es un poco ajustado en la zona pectoral, pero después es suelto, un hombro lo tiene con manga corta y el otro lo con una manga larga con aperturas en la zona del triceps, aparte ese vestido tiene unos motivos o incrustaciones de estilo
asiático de plata en la manga corta, y en el lado derecho del torso, con unas sandalias de plata abiertos por delante y por detrás; y el pelo recogido en un moño con palillos
chinos grabados.
Se lo pasan genial, como ella no es de hacer amistades pronto, no es una persona abierta, simpática y sociable, está toda la noche pegada a él, como si fueran amigos reales, esa es la impresión que dan, también da la sensación a los varones de que pueden intentar tener algo con ella,
porque de algún modo se nota que entre Rubie y ella no hay nada, sencillamente se les ve desde fuera como amigos. Pero como en esas cosas ella no está muy enterada, ni las presta
mucha atención, ya se encarga Rubie de hacer saber a los que quieren interesarse por ella, que Rubie es el típico amigo superprotector, de los que no dejan a nadie acercarse si no
le cae bien a él primero.
Pero en definitiva, se lo pasan muy bien, están alternando, entre bailar dentro, salir fuera sentados hablando de las curiosidades de lo que ocurre en ese local esa noche, e ir a
dar breves paseos por los alrededores. Es una de las noches más entretenidas y llenas de risas reales que ha tenido Rubie en mucho tiempo, con alguien que no es de su entorno
habitual, aunque si se supone que viven juntos eso la convierte oficialmente en gente de su entorno, por lo menos diario.
Para él hace tiempo que no se siente tan libre de actuar, la risa de ella le libera, aunque sigue habiendo algo en el interior, en el fondo que no les hace inseparables, pero él no piensa en ello en ningún momento, solo a la hora de bailar, que hasta él mismo nota que no bailan con la proximidad ni la tensión de cuando hay o puede haber algo entre dos personas.
Llegan a las 05:30 a casa, se tumban en el sofá más largo del salón, y hablando de cómo se lo han pasado se quedan dormidos. No es la primera vez que duermen juntos, pero para él es la más especial.
A las 07:30 de la mañana suena un timbrazo, es de la entrada del piso, Rubie lo escucha
primero, abre los ojos, no se sorprende, sólo se siente melancólico cuando ve que ella está un poco acurrucada en él, quiere quedarse así mirándola, pero su móvil suena y al sobresaltarse él, ella se despierta, el móvil está en la mesita del centro él lo agarra y ve que se trata de su amigo, que le da un toque.
MARSIE
Me voy a la cama (dice mirándole, luego se pone de pie, suena otra
vez el timbre de casa) Seguro que es para tí.
RUBIE
Sí, si sí lo es (se ponen a caminar los dos, en la parte del pasillo en
la que se tienen que separar, en el que ella tira hacia su habitación y él hacia el telefonillo).
MARSIE
Hasta dentro de un rato.
RUBIE
Procuraré no hacer ruido. (Vuelve a sonar el timbre de la puerta)
Contestando al telefonillo:
AMIGO
Ehy,
RUBIE
Pero qué haces aquí, tio
AMIGO
Estoy en una crisis no me fastidies
y abre la puerta ¿quieres?
Le abre, sabiendo que no es buena idea, pero seguramente le puede convencer de que se vaya a su casa a dormir si habla con él personalmente.
Su amigo, presenta el peor aspecto que se puede tener, los pelos más sucios y revoltosos que nunca, la ropa mucho más arrugada que de costumbre, aparte de las ojeras, los ojos irritados, lleva una gabardina, y el calzado más sucio y casi apunto de romperse. Se apiada de su aspecto, de su
situación, de haber sido tan mal amigo, sabe que diga lo que diga su amigo va a tener razón, son demasiados años juntos.
Son demasiadas aventuras vividas juntos, demasiados traumas superados unidos Se conocen, saben cuándo actúan mal para con el otro.
AMIGO
No volveré a hacerlo, desde que fui ese día a la discoteca, a currar,
no me he recuperado, no fue nada bien (es lo primero que dice su
amigo entrando por la puerta casi a traición).
RUBIE
¿Qué dices? Pero si salvaste lo de los chinos, Abrehem está contento (su amigo pasea sobre todo por el pasillo, y Rubie le sigue y hace lo posible por conducirle a la entrada, pero no lo logra).
AMIGO
Te hablo de mí, ¿eh? De mí, de que no fue una buena idea, de que lo
pasé fatal, de que todavía no estoy preparado.
RUBIE
Vete a casa tío, y mañana lo hablamos, tranquilamente,
conscientes y despiertos.
AMIGO
Pero tú de qué vas, ¿eh? Quieres que me vaya, te estoy contando que
estoy fatal, en el puñetero borde del abismo, y tú con tu manía de que no quieres que esté en tu casa
(casi gritando).
RUBIE
Chiiist, tío no estoy pasando de tí, te estoy diciendo que (pasándole un brazo por el hombro)
que lo vamos a ver, pero son las siete de la mañana, cómo quieres
AMIGO
No, mide tú con quién estás hablando. Qué estas haciendo, ¿eh? Qué haces
En ese momento ella abre la puerta de la habitación.
MARSIE
Pero Rubie Rub, ¿qué? (Se queda a medio hablar y no da un paso más).
Se puede oir, sentir y palpar, como el amigo de Rubie tiembla, se convulsiona desde los pies a la cabeza, un escalofrío enorme le atraviesa el cuerpo, a Rubie le extraña que las rodillas de su amigo, que seguro que en ese momento le flaquean, no le hagan acabar en el suelo desmayado.
RUBIE
Espera (es lo único que dice Rubie, pero hay un silencio que puede ser un cuarto personaje).
Su amigo, le empuja, ella grita del susto, como reacción al movimiento brusco, el amigo de Rubie coge a este del cuello.
MARSIE
¡No! ¡Para! (sigue ella, pero el amigo de Rubie estampa a este contra la pared) ¡Espera! ¡No! (e
inmediatamente después de hacer eso, el amigo de Rubie le pega un
puñetazo que le tumba en el suelo, boca arriba).
Rubie reacciona en cuanto ve su propia sangre emanando de su boca y de su nariz, cuando empiezan a pelearse, lo que se denomina comúnmente una pelea, con puñetazos, patadas, y golpes brutales contra el suelo, la pared o contra el mobiliario; ella empieza a gritar más, a desgañitarse.
MARSIE
¡Dejadlo ya! ¡Parad! ¡Parad de una estúpida vez! (Ellos se mueven por
toda la casa, y ella detrás siguiéndoles) ¡Que lo dejéis ya!
(están otra vez en mitad del pasillo) ¡RUBBIIEEE! (Cuando Rubie le
va a dar un puñetazo a su amigo, ella le coge de ese brazo, deteniéndole, y al otro también le
sujeta colocándole una mano en el pecho, les mira a los dos con los ojos llorosos, nerviosa, alterada, suplicante)
En cuanto la miran los dos paran automáticamente, hay un par de segundos de silencio en el que solo se escuchan sus respiraciones. Su amigo mira a Rubie.
AMIGO
Yo te he creado, se podría decir que te he dado la vida, todo lo que eres es por mi, y todo lo que soy a
día de hoy te lo debo a tí, te he dado todo de mí, hubiera matado por tí, tío. Eres más que un hermano
para mí. Mi sangre, tu sangre ¿recuerdas eso? Te he salvado la vida, Y tú te atreves a hacerme esto (su amigo, que le tiene agarrado por el otro lado, le suelta, y empieza a caminar despacio, arrastrando los pies, hacia la salida).
Pasan unos momentos de silencio, Rubie puede sentir cada fibra del dolor que le acaba de causar a su amigo, y eso hace que le duela todo mucho más allá de la pelea. Rubie la mira, ya no está alterada, preocupada porque se rompan la cabeza el uno al otro. Ya está más calmada, aunque sigue
ligeramente agitada. Ella no va a decir nada, está apunto de meterse en su cuarto. Pero esa mirada, le hiela la sangre a Rubie.
RUBIE
No me mires así, sabías quiénes éramos y ni una sola vez me preguntaste por él, (en seguida se
arrepiente de haber dicho eso, con ese tono, lo que Rubie puede percibir va más allá del enfado y
de la decepción)
MARSIE
Lo último que yo supe de vosotros es que ya no érais amigos, que habías dejado de serlo, que
estábais enfadados, y que ya no sabíais nada el uno del otro. Os enfadásteis por el tema de tu
abuela. Dime cómo carajo iba yo a saber que reanudásteis vuestra amistad.
RUBIE
(Con tono de disculpa) Yo no te lo mencioné porque sabía que no podía hablarte de él, yo no era nadie
RUBIE
Para mencionarte su nombre si quiera.
MARSIE
E hiciste bien, pero una cosa es mencionarle y otra muy distinta lo que tú has hecho. (Rubie se siente
débil en cuanto ella le dice eso, apunto de derrumbarse, por lo que se apoya en la pared) No tiene
nombre. Estás enfermo. Así que arréglalo.(Fue un impulso, un arrebato, casi le gritó) ¡Ya! Rubie
¡Arréglalo ya!!
RUBIE
(Parece que está tartamudeando) N-, no puedo (suspira hondo, la mira directamente a los ojos) No puedo moverme (ella se mete en su cuarto, saca una chaqueta, se pone a caminar, y una vez a su lado,
frente a él).
MARSIE
No tendría que ser yo la que fuera a luchar por vuestra amistad. Pero no pienso permitirte que le
pierdas. A él no.
RUBIE
Mis piernas. No puedo. No responden (ella sale primero andando rápido, y después corriendo).
Rubie cierra fuerte los ojos, y aguanta la respiración, intentando detener el incesante martilleo que le agujerea el pecho, cuando abre los ojos, suelta el aire de repente, las lágrimas se deslizan por sus mejillas, va a ponerse de pie para irse a su cuarto, la puerta de la habitación de ella está abierta, medio arrastrándose, llega a la puerta.
Nada más correr la cortina, deja escapar un resoplido cargado, se le escapa el dolor por la garganta y le pica el pecho como nunca en su vida. Se apoya en el dorso de la puerta.
Una de las paredes está pintada con motivos y relieves asiáticos e indios, mezclando, oros, ocres, naranjas intensos, rojos, y todo tipo de marrones; las otras tres paredes tienen pintada una especie de selva tropical salvaje, mitad bosque, en una de esas tres paredes tiene un corcho enorme, que ocupa casi toda la pared, en ese corcho hay colgados dibujos, y pinchadas con chinchetas instantáneas de sus amigos, de sus colegas, de muchísimas personas que la han conocido, es como un mosaico con
inumerables caras y momentos de su vida.
Sobre cada estantería, o en lo alto de casi todos los muebles, tanto en los poyetes, etc, etc, como algo aparte están las fotografías, las que han hecho que su madre le cruce la cara, porque son fotos de ella y de su amigo, de ese amigo de Rubie con el que se acaba de pelear; casi todas
en diferentes instantes de una historia, como si fuera cualquier otra historia de amor.
Rubie pegado a la pared se va agachando hasta acabar sentado en el suelo, con las rodillas flexionadas, los codos sobre las rodillas, y las manos tapándose la cara, el rostro
hundido, contorsionado, y aguantando sentimientos. El pecho le va a estallar, y la cabeza a reventar.
En esas fotografías se respira la verdad, vida y felicidad, son tan desconocidos para Rubie a la vez que sabe exactamente lo que significan, cada uno de los dos por separado, y juntos. Lo sabe perfectamente, su amigo no es nada sin lo que se escapa de esas fotografías, por eso
siempre sabe que su amigo nunca se recuperará, que nunca volverá a ser el mismo. No hay nada después de lo que se ve a traves de esas fotografías. Y Rubie no lo ha querido ver.
Una vez más su madre tiene razón, todos tienen razón. Ha tenido en su mano la llave para arreglar una vida, y ha creído que es la suya propia.
Por esas fotografías, sabe que lo que el propio Rubie ha estado intentando tener con ella, en todos esos meses que llevan compartiendo piso, todos sus propósitos, la concordancia que anhelaba, la compenetración, y la complicidad, lo que al final supo que nunca conseguirá de
ella, su amigo lo consiguió ver, no sólo verla a ella, tal y como es, leer en ella, sino que además lo hizo desde el instante en que la vio.
Su amigo consiguió en un segundo, cuando la conoce hace ya años, lo que él lleva persiguiendo meses.
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