En una narración cinematográfica, no todas las escenas tienen la misma duración ni la misma importancia.

Los guionistas suelen alternar entre escenas largas, con puntos de giro o conversaciones que desnudan a los personajes, con otras más breves y triviales donde alguien, simplemente, fuma o camina por la calle.

Estas últimas se conocen como escenas de transición, o de paso. Aunque suelen ser simplemente eso, algunos guionistas deciden aportarles algún pequeño detalle que las hace memorables o que, simplemente, evita que sean un mero trámite.

A continuación, algunos ejemplos. No seguir leyendo si no se han visto.

Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1988)

En esta recordada comedia de enredo, Almodóvar consigue que prácticamente cada escena contenga un gag, y que incluso personajes muy secundarios como la portera o la recepcionista, sean recordados.

Un ejemplo es la escena donde Pepa (Carmen Maura) regresa a casa tras un ajetreado día buscando, en vano, a su ex pareja para comunicarle que está embarazada.

Sobre el papel, la escena podría haber sido simplemente eso: el personaje vuelve a casa. Sin embargo, Almodóvar introduce a un empleado de la basura que en ese momento encuentra una nota escrita por Pepa para su ex, y que había acabado en el contenedor.

El hombre empieza a leer la nota y Pepa, enfurruñada al oír sus propias palabras en boca de un extraño, le dice de malas maneras que la tire a la basura. El hombre obedece, y el patetismo del momento provoca comicidad.

Muerte entre las flores (Joel Coen, 1990)

En este homenaje de los hermanos Coen al cine negro, la escena de paso sirve para introducir al primer muerto de la historia y, de paso, crear un ejemplo del característico humor negro de los cineastas.

Un hombre aparece muerto en un callejón, y un niño lo encuentra. Este se fija en el sombrero que lleva, y lo roba. Después, en una larga escena de conversación, dos personajes comentan el hallazgo del cadáver, y solo al final se menciona el sombrero.

Uno de ellos menciona la teoría de que se lo llevó el asesino, lo que provoca hilaridad en el espectador.

El padrino parte II (Francis Ford Coppolla, 1974)

Uno de los momentos más tensos de esta secuela es cuando Michael y su mujer, Connie, discuten sobre el aborto que esta ha sufrido.

Se trata de una larga escena de conversación donde la tensión va subiendo hasta llegar al clímax, donde Connie confiesa que ella misma se provocó el aborto para que el niño no creciera en una familia de mafiosos y se convirtiera en uno de ellos. Michael reacciona con violencia.

En esta ocasión, la escena de paso está insertada dentro de esta otra escena larga. El director corta a mitad de la conversación, cuando la tensión está empezando a aumentar, e introduce un breve momento en el pasillo con los hijos de la pareja haciendo carreras y jugando.

De fondo, se oyen las voces de los adultos aumentando de intensidad.

Así, la escena de paso sirve como un falso momento de calma antes de la tormenta.

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