No todos los personajes en la ficción son igual de importantes. Suele haber uno (o unos) que destacan sobre el resto, y cuya historia seguimos.

Se trata del protagonista.

No obstante, no todos los personajes de este tipo funcionan igual ni conducen la historia de la misma manera. Veamos diferentes ejemplos.

Tiburón (Steven Spielberg, 1975)

En este clásico del cine, el protagonista es el sheriff Brody, interpretado por Roy Scheider. El es el modelo de protagonista clásico que aparece en los manuales de guion.

Posee una motivación sencilla pero sólida: cazar al tiburón. El inicio lo establece rápidamente mostrando, en las primeras escenas, a una chica siendo comida por el escualo y a un sheriff, ambos en el mismo pueblo. Sabemos que habrá un enfrentamiento.

No hace falta más en una película de estas características.

Además, tiene un arco de personaje. No demasiado profundo, pero sólido, ya que Brody arranca la cinta con una contradicción: es el sheriff en un pueblo costero, y odia el agua. Al final, tras vencer al tiburón, regresará a casa a nado.

De nuevo, sencillo pero efectivo.

Por último, es un personaje empático para el espectador. Comete errores, pero en todo momento intenta hacer lo correcto y responde a un arquetipo de personaje muy Spielberg y muy estadounidense a la vez: el hombre anodino enfrentado a circunstancias que le superan.

Por supuesto, sale victorioso.

El reino (Rodrigo Sorogoyen, 2018)

Aquí, el protagonista es Manuel, interpretado por Antonio de la Torre.

En contra de lo que suele decirse en los manuales de guion, este personaje no cae bien al espectador. Se trata de un político corrupto y mezquino que solo actúa contra la red a la que pertenece por puro instinto de supervivencia, tras ser descubierto.

A pesar de ello, queremos seguirle.

Esto se consigue haciendo que en todo momento sea un protagonista activo que quiere conseguir cosas. Nosotros como espectadores deseamos ver si lo conseguirá o no y hasta donde llegarán sus mentiras, aunque se trate de un tipo despreciable.

Además, hay algo muy humano en su espiral de autodestrucción. Todos somos, o hemos sido, un poco así.

Oslo 31 de agosto (Joachim Trier, 2011)

En esta cinta de autor europea el protagonista es Anders, interpretado por el actor Anders Danielsen Lie.

Al igual que Manuel, este personaje rompe otra máxima de los manuales de guion: no es un protagonista activo que quiera o persiga cosas. Se trata de un drogadicto a punto de acabar un tratamiento de desintoxicación, sin rumbo en la vida.

¿Por qué, aún así, funciona? Precisamente porque el tema de la película es su inactividad y falta de horizontes claros.

La trama consiste en una serie de encuentros de Anders con personas de su pasado, y otras que podrían ser futuro. Constantemente, el guion le enfrenta con distintas posibilidades: las que ha perdido y las que podría tener.

El final no es feliz. Anders no elige, y finalmente recae en su adicción. Pero no por ello su historia pierde interés. Se dice que los mejores personajes nos enseñan a ser mejores personas, pero algunos de ellos hacen algo más incómodo.

A veces, simplemente nos devuelven nuestro reflejo.

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