- A mediados de Diciembre de 2025, pusimos rumbo a Córdoba, aproximadamente por el 8 de Diciembre.
- Tiene un lugar especial en mi corazón, por melancolía, nostalgia de la adolescencia, es de los primeros viajes que hice en mi vida, de España, y fue cuando estaba en la escuela secundaria.
- Con compañeras de ésa época siempre hablabamos ya de adultas de que deberiamos hacer ese viaje a Córdoba a nuestra manera, juntas, esa ocasión no se ha dado todavía, pero se dará.
- Antes de viajar, que son 4 horas y algo, vimos varias cosas alrededor de ese hotel, que nos gustaría visitar.
- Miramos para salir desde el Domingo y regresar un Martes, pero la diferencia de precios era abismal, incluso tratándose de meses de frío en estas latitudes de la tierra.
Sobre las 8-9 de la mañana nos levantamos, la idea era salir a esa hora pero nos pudo el tiempo, y las ganas de dormir.
- Ya salimos tarde, más de las diez y media de la mañana, y con algunas paradas que teníamos que hacer pues salimos tarde.
- Estación de servicio La Abadesa, se come medio bien, de sabor muy bueno. Pero un poco caro 18 euros en festivo, y la carne un poco poco hecha. Paramos para comer por el camino.
Por el camino muchas gasolineras abandonadas. Un poco de atasco. Toros marrones y negros, caballos. Un incendio en Quintanería. Y bastantes caravanas. Conducir hasta aquí, resultó ser muy cansado.
Pasamos por Andújar.
Nos llamó la atención empezar a ver Carteles ya verdes.
Esculturas de botellas grandes encima de los restaurantes a pie de autopista o enfrente.
Cambiamos el toro de Osborne, por el hombre del sombrero y Guitarra. Pueblos de casitas blancas.
Y muchos polígonos industriales.
Y paneles solares en medio de los campos de regadío y fincas de ganaderos.
Tras mirar varios alojamientos con varios de esos detalles arquitectónicos que nos encantan llenos de historia, por precio y por tiempo, perdimos una reserva de un par de alojamientos que se llamaban los patios, que tenían en su nombre tema patios, que tiene que ser algo histórico y bonito, y al final nos decantamos por Crisol Jardines de Córdoba.
Primeras impresiones, bonitas.
Barrio residencial, lejos del ruido, cerca del silencio y la naturaleza.
Nos alojamos en ese hotel de cuatro estrellas, aún así salimos medio temprano, se tardan como unas cinco horas en llegar, el lugar era entre urbanizaciones de casas grandes, con alguna calle principal con algún comercio, cerca también de un centro comercial.
Es un hotel que parece elegante y casi majestuoso.
Parking propio.
Descuento de desayuno y de cena.
Muy pronto las horas de desayuno, de 6 a 10 de la mañana. Y de cena de 20:00 a 22:00.

Es un hotel de cuatro estrellas en la calle poeta alonso de bonilla 3, en el Distrito Norte Sierra, perteneciente a Eurostars.
Tiene cerca la estación de tren.
El nombre escogido es por la tradicón de patios y jardines de la ciudad.

Por fuera se nota que es un hotel de 4 estrellas, hay decorados de estilo navideño, papa Noel, un árbol.
Patios internos, paredes con plantas coloridas.
Está a 10 minutos del centro, en el barrio del Brillante. Se utiliza también para eventos, con sus salones, bodas, bautizos, comuniones, etc.
- Este hotel fue construido en 1992 y reformado en 2003, El hotel operó como Ayre Hotel Córdoba y ahora como Crisol Jardines de Córdoba.
- La cadena Crisol Hotels (parte del Grupo Crisol) se enfoca en la gestión y marca, y el hotel está ubicado en Córdoba.
- La propiedad inmobiliaria específica podría ser de un fondo de inversión o particular, pero la gestión es de Crisol.
- En resumen: El hotel es de la marca Crisol, un grupo hotelero que lo gestiona, aunque la propiedad física no siempre es suya, sino que operan bajo diferentes modelos de negocio (gestión, alquiler, etc.).
Tiene muy buenas referencias por internet, buenos comentarios.

Los horarios de apertura son del martes al sábado casi todos, así que el día más complicado será el martes, pero aun así intentaremos ver algo.
Eso sí, la habitación chiquitita, standard, con una ventana grande que da a un patio.
Nos ha costado 89 euros.
Camas dobles.
Parte de la zona estaba con la carretera en obras, y aunque estaba a mínimo 10 min desde un lado o desde el otro al centro de la ciudad, al estar como en la periferia con calles anchas, bien asfaltadas, las casas chalets grandes a los lados, no te esperas ese complejo.
Pero ahí estaba, el aparcamiento exterior muy bueno y grande, y desde fuera ya se ve bien que tiene zona exterior de piscina, de terraza con comida exterior, césped y hasta una zona de chillout, pub, e incluso al fondo del todo una zona para hacer pádel, y otro aparcamiento como por detrás del complejo.
La recepción muy bonica, una entrada grande, clara, luminosa y decorada para la navidad, la recepcionista fue muy amable, muy maja, Valentina simpática, nos ha dicho las actividades sociales de las festividades de ese día, y de paso nos comentó que en el centro empezaban las festividades y había pasacalles y ferias, por las calles principales por si queríamos ir.
Y nos indicó los precios de la comida que ofrecen en el hotel, las horas, nuestro número de habitación, la contraseña del wifi.
Fuimos a dejar las cosas, a la habitación, dimos un minipaseo por el hotel, y sus alrededores, aunque hacía frío y después fuimos a dar una vuelta.
Fuimos en coche, aparcamos en un sitio, que luego se nos medio olvidó y nos pusimos a caminar, por caminar para empapaparnos bien del meollo de las navidades cordobesas.
La calle principal con los puestos y la ferias, donde no se podía ni caminar, algo que nos agobió un poco, entramos en un Corte Inglés donde nos compramos un par de abrigos carísimos, obvimante se nos hizo de noche disfrutando del paseo.
Siempre teniendo presente mediante intuición hacia dónde estaba el coche. Una mezcla entre lo que vimos y apuntes de sitios que nos gustaría ver.
Alcázar de los reyes cristianos.
Sinagoga.
Capilla de San Bartolomé
Medina Azahara.
Palacio de Viana.
Caminos de Sefarad.
Molinos del Guadalquivir.
Barrio de los patios con sus callejuelas estrechas pero bien adornadas con sus flores colgantes.
Calles escritas con azulejos de cerámica.
Grupo de gitanos con un niño cantando, palmeando, pero me daba apuro grabarlo.
Alcázar de noche.
Da impresión porque crea expectativas.
Vimos el Alcázar de noche.
Dimos varias vueltas por el puente que conecta, de noche con la iluminación exterior.



















Y pasamos por una parte de la catedral mezquita de Córdoba por fuera.
Intentamos volver al hotel para cenar, porque entendimos mal que se podía usar la parte de la cafetería del hotel 24 horas, intentamos ir a comer a un restaurante o sitio cercano al hotel y nos dijeron que iban a cerrar, finalmente optamos por comprar algo en el ceentro comercial que ahi fue cuando lo descubrimos, algo rápido.
Miramos un poco los sitios a los que queríamos ir al día siguiente, y a dormir.
Empezamos por el Alcázar de día, ya lo habíamos bordeado entero de noche, así que, encontramos que por las horas y por remodelaciones sólo podíamos ver la parte de los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba.
De día, es bonito, pero casi austero comparado con otros jardines reales y no tan reales.
Me encantó que hubiera poca gente.
Había trabajadores jardineros, que cuidan con mucho cariño, bastantes más que en otros jardines.
Gente trabajadora, y mucho acceso cortado por obras de restauración.
Encontramos moderada afluencia de gente, no había mucha flor ni mucha planta pero la parte de las peceras o ‘piscinas para peces’, preciosa.
Se veía las zonas cortadas, y vimos un par de carteles que de noche hacían espectáculos navideños iluminados y con hielo, toda esa zona era horrible para aparcar.







Fuimos a los jardines de la Alhambra, compramos las entradas para entrar en la mezquita, creo que fueron entre 8 y 13 euros, barato, no es lo que nos esperábamos, ése precio.
No costó muy caro, desde luego creemos que menos de 10 euros.
Después fuimos al otro lado del puente, hizo un día agradable, aunque un poco fresco.
Una de las mejores experiencias fue en el museo de la puerta del puente, parecía algo pequeño, pero al entrar se nota en la sangre el trabajo de los constructores de la ciudad y de la Alhambra. Subimos a mirador, nos encontramos con gente formidable, nos echamos unas risas y unas fotos, y fue un momento épico respirar el aire ahí arriba.
Esa subida al arco de triunfo, donde nos encontramos con varios grupos de personas súper simpáticas, ha sido una de las experiencias más agradables a nivel social y eso que fueron interacciones breves.
La sensación de estar ahí arriba fue muy emotiva, por alguna razón, entre el sol, las gentes y el agua ha habido un poco de magia de los antepasados debe ser.
He sentido un poco de calor en el corazón.
Es una estructura más simbólica que otra cosa, pero merece la pena.
Unas escaleras estrechas de madera sin nada en las paredes, conducen a un hall con una exposición de parte de la historia de ese arco a lo largo de los años, y arriba del todo la joya de la corona. Las vistas.
Así que quisimos ir a comer algo, ya eran las 15:00 y ya teníamos hambre, encontramos cerca un rinconcito de lo más encantador, donde comimos cosas que no solemos pedir normalmente, y que son un poco típicas de ahí, según miramos en internet antes de ir claro.
En busca de la mezquita, por fuera claro.
Un rinconcito encantador, con las enredaderas, y en neón el rostro de una mujer.
Por dentro adornado de arcos emulando estilo mezquita de Córdoba, y un patio cubierto para pocos comensales en la terraza interior.
Y ya por fin entramos en la mezquita, frío y con más luminosidad de lo que recordaba.







Impresionante el nivel de detalle de absolutamente todo, la parte árabe me impactó mucho más que la católica, quedé absolutamente fascinada.
cuando salimos de ahí nos pasamos por el hotel, nos refrescamos, y luego a cenar. Estuvimos cerca de una discoteca.
Al día siguiente ya nos teníamos que ir.
Pero antes de nada fuimos a los baños del Alcázar Califal donde descubrimos que no era un lugar tan pacífico como pensábamos en un principio, había intrigas palaciegas califales y traiciones donde literalmente corría la sangre de aquella época.
El caso es que no podíamos irnos sin ir a Medinat Al Zahara.
Hizo, comparado con el resto, la verdad es que nos hizo un día bastante malo, con momentos de lluvia, pero sobre todo con mucho mucho frío y aire.
La entrada nos resultó gratuita, lo único que había que pagar era el autobús, que eran tres euros ida y tres euros vuelta.
Constaba de dos partes, una parte explicativa, como un museo al uso, con sus recreaciones audiovisuales, y luego había que esperar porque cada media hora venía el autobús que te llevaba a la siguiente parte.
La ciudad propiamente dicha. Antes hay una antesala también con paneles explicativos, y de ahí pasamos a la maravilla, en la propia ciudad hay como señalizaciones, para realizar un circuito al andar.
Me parece fascinante y de admirar como de capaces era la gente ya en esas épocas, como siempre nos imáginábamos escenarios e historias en las que se realizaban con piedra, cerámica tan bonitas estos monumentos, y la vida que se tendría ahí, como caminaban los soldados, cómo se bañaba en la tina, cómo oraban, etc…
La península arábiga antes de Mahoma con el Islam de entre los años 610-630; la ciudad y sus habitantes, destacando la Medina y el Alcázar, al parecer sólo se ha excavado el 12% del total, protegido con murallas con torres y puertas de acceso.
Podemos ver expuestas piezas de los talleres califales de piezas de lujo de la Medina, bajo la dirección y supervisación de Rasiq, piezas de cerámica, metalistería o decoración arquitectónica.
La Mezquita Aljama es de uso común de los habitantes del Alcázar, la de Medinat Al-Zahra es la primera mezquita del al-Andalus con orientación correcta a la Meca.
Planta rectangular, partida en una sala de oración con cinco naves y un patio porticado.
Se utilizaron capiteles con labra de escaso relieve y almenas decorativas.
Después de su esplendor vino la destrucción y la recuperación de Madinat Al-Zahra.
Se empezó a ir todo al traste ya en las últimas décadas del s X., desde el 980 cuando Almazor traslada el gobierno a la nueva ciudad que construye al este de Córdoba.
En 1010 la población de Córdoba realiza el primer saqueo en la Mezquita Aljama.
Durante la guerra civil entre los tres pretendientes al califato, uno de ellos instala su ejército bereber en la ciudad con el resultado de la ruina.
La vida útil de Madinat Al-Zahra duró poco más de setenta años.
Se produjo el saqueo de materiales de los capiteles, columnas, mármoles decorativos, objetos suntuarios, se disperan hasta los diversos edificios de los reinos taifas del s.XI, las capiles almohades de Marakech y Sevilla, catedrales de Tarragona, Gerona y Braga, iglesias y monasterios catellanos, palacio de Pedro I en los Reales Alcázares de Sevilla.
A partir de 1236 comienza entonces el saqueo de la parte constructiva que se prolonga por lo menos hasta el siglo XVII.
Es por un lado una pena y por otro lado menos mal que no se destruyeron porque parte de esos materiales desmantelados, como por ejemplo los sillares se emplean en numerosas construcciones de la ciudad de Córdoba, como el cercano monasterio de San Jerónimo.
También hay un pasillo que cuenta cómo fue el proceso arqueológico de volver a reencontrarse con Madinat Al-Zahra, y de quiénes lo hicieron posible, que es algo muy emotivo la verdad.
Cuando el autobús te deja, la verdad es que ni lo ves, ni te lo esperas.
Hay pancartas explicativas, con planos, como por ejemplo Calle En Rampa, que era significativo en acontecimientos políticos.
Gran Pórtico y Plaza de Armas, donde la gran arquería fue concebida para impresionar; también hay a Mezquita, que era la principal de la ciudad, o las Caballerizas, que son unas pequeñas cuadras en el interior del palacio, donde se alojaban unos 25 o 30 caballos.
Nunca jamás pensé que estaría aquí.
Me siento distinta, se me hincha el pecho de respeto por el pasado.
Desde que soy pequeña siempre m ha gustado la arqueología, la paleontologia, etc.
Y siendo pobre, estable pero pobre, sin coche sin apenas tiempo, era una de las cosas que soñaba con hacer, con ver, con pisar, y que por mi forma de pensar supongo creí que nunca iba a poder ver.
Estar entre estos restos remueve algo dentro de uno, de las entrañas. Dan ganas de llorar, un no saber porqué. Pisar el mismo suelo, el grosor de las paredes.
Te trasladas, ves toda la inteligencia, el pensamiento crítico del trabajo.
Es alucinante. Rodeado además de montañas arboladas. La precisión asombra tanto que sobrecoge.
No me siento en España, en esta época.
Nos fuimos hacia las cinco de la tarde, aún era de día cuando nos fuimos. Cogimos cositas para comer por el camino y de vuelta a casa, llegamos por la noche.
Ha sido una experiencia única que volvería a repetir acompañada de más personas y me gustaría seguir aprendiendo más y más del legado arábigo en la península Ibérica.














































































































































































































































































































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