
En cine, la vida aparece filtrada. Los tiempos muertos no suelen interesar en una narración tradicional, y solo aquello que resulta relevante para los personajes y la trama nos es mostrado.
Para esto, se usa la herramienta que vamos a ver hoy: la elipsis. Esta no solo consiste en dejar cosas fuera, sino en cómo hacerlo y con qué intención narrativa.
Como muestra, tres ejemplos.
2001, odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968)
Al escoger esta película se cae inevitablemente en un lugar común, ya que se trata de la que posiblemente es la elipsis más famosa de la historia del cine junto con la de la cerilla de Lawrence de Arabia. Pero su potencia e influencia es innegable.
En esta, una de sus más famosas películas, Kubrick cuenta la historia de la humanidad. Tras un prólogo en la era de los homínidos, donde vemos como estos evolucionan y aprenden a usar herramientas para cazar y defender su territorio, uno de ellos lanza un hueso al aire.

La imagen, sin sonido, lo sigue mientras alcanza el punto álgido, y empieza a descender. Antes de que toque tierra, se produce la elipsis y lo siguiente que el espectador ve es una nave girando en el espacio, miles de años después.
Esta elipsis es tan potente no solo porque innova al dejar fuera una cantidad de tiempo mucho mayor a la de la elipsis tradicional, sino porque enlaza conceptos y hace avanzar la narrativa mediante imágenes simples.
Del hueso, una herramienta rudimentaria de los primeros humanos, a la conquista del espacio.

Hable con ella (Pedro Almodóvar, 2002)
Este ejemplo muestra cómo la elipsis no solo sirve para dejar fuera el tiempo que se considera superfluo, sino también para sugerir en vez de mostrar.
Benigno, el protagonista de la película, es un enfermero enamorado de Alicia, una bailarina en coma. En un acto que en su cabeza es romántico, acaba violándola. El director decide narrar este acto escalofriante insertando un cortometraje, el amante menguante.

En este, cuya trama Benigno narra a Alicia, un hombre va perdiendo tamaño hasta hacerse tan diminuto que puede introducirse en la vagina de su novia y, según palabras del enfermero, quedarse dentro de ella para siempre.
Almodóvar enlaza así el sexo no consentido que se muestra en el cortometraje con el que sucede en la realidad y el espectador no ve, enlazándolo todo con la narración de Benigno.

El sur (Víctor Erice, 1983)
Aquí la elipsis se usa para narrar el concepto que atraviesa toda la película: el paso de la niñez a la madurez de su protagonista, Estrella.
En una imagen fija, la vemos subirse a una bicicleta siendo niña y lanzarse a pedalear por un camino junto a su casa, alejándose lentamente de nuestro punto de vista. Mediante una transición sencilla y elegante, esta imagen se superpone con otra del mismo camino.
Estrella desanda el camino, dirigiéndose de nuevo hacia nosotros y pedaleando en la misma bicicleta que usó para marcharse.
Pero ahora, quien antes era una niña se ha convertido en adolescente.

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