
Algunas historias crecen cuando se produce un giro que cambia la perspectiva de todo lo visto hasta ese momento.
El concepto de giro argumental fue creado en el cine por la película el gabinete del doctor caligari de 1920, y desde entonces muchas películas lo han utilizado (el club de la lucha, el sexto sentido, saw), siendo en ocasiones recordadas precisamente por ese giro.
No obstante, en esta entrada no me gustaría hablar de películas donde dicha sorpresa venga del guion, sino de otras que hacen algo más difícil: ocultar el giro a través de la puesta en escena.
Veamos tres ejemplos:
Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)

En este caso, no hace falta comentar cuál es la sorpresa, ya que se trata de uno de los finales más inesperados de la historia del cine.
Sin embargo, analicemos una de las escenas clave: el asesinato del detective privado.
Mientras la víctima sube las escaleras, su asesino sale de una puerta contigua a estas. Hitchcock rueda el ataque desde el techo, usando un plano cenital, y solo corta cuando se produce la primera cuchillada.
Lo notable en este caso es la elección del plano cenital, que no es gratuito ni se hace solo a modo de filigrana visual, sino que sirve para ocultar el rostro del asesino y así no detectar antes de tiempo que se trata de un hombre travestido, y no una mujer.
El pájaro de las plumas de cristal (Dario Argento, 1970)
Pese a que fue Mario Bava quien trasladó el subgénero del giallo de la novela al cine, Argento lo popularizó y lo convirtió en un éxito que cruzó fronteras.
Una de las características de dicho subgénero consiste en mostrar a un protagonista que ve algo al inicio de la película que no comprende en un principio, y acaba siendo una pista clave para resolver el misterio.

En esta, su primera película, Argento desarrolla esto haciendo que el personaje principal vea una escena en la que una mujer es atacada por otra persona (su marido), para al final darle un giro y revelar que era ella quien atacaba, y también la asesina de la película.
La forma en que se consigue esto, ocultando la verdad tanto al protagonista como al espectador, es mostrando la escena a través de un espejo invertido que cambia su sentido visual.
Rojo oscuro (Dario Argento, 1975)

Aquí Argento usa la misma estrategia con un nuevo truco.
Tras el primer asesinato, el protagonista entra en casa de la víctima. A través de un plano subjetivo, el espectador entra con él y ve el interior, donde las paredes están decoradas con una gran colección de cuadros.
Este recurso nos impide ver que uno de ellos, situado en el lado izquierdo del encuadre, no es tal, sino un espejo donde se refleja el rostro del asesino. El espectador lo toma como un cuadro más, y no se da cuenta de que sabe la identidad del culpable desde el principio.

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