A mediados de Mayo de 2025 emprendimos un viaje en coche a Francia.
A Perpignán concretamente.
Salimos un Martes. Por el camino vimos un Bus de Basket del Zaragoza, la carretera por zonas largas tenía conos abierto carril reversible, al otro lado., por obras de reconstrucción del asfalto, lo vimos por la Muela.
Gasolina, e una de las señales vimos que estaba a 1.18 euros no está nada mal, presenciamos molinos parados a pesar del viento que hacía.
Zaragoza de pasada nos dio muy buena vibra. Se veía apetecible, con ganas de entrar y darse una vuelta.
Cada dos horas realizamos una parada para estirar las piernas, pasé por primera vez por el desierto de Monegros del que tanto había oído hablar de adolescente por sus raves y festivales.
Por ahí cerca, por Huesca vimos el cartel y el arco que indica el paso del meridiano de Geenwich.
A las 12 y media, por Montjuic nos llovió un poco.
En Olot nos acordamos del cuádruple crimen de Olot que he visto en mis canales de YouTube.
Y al acercarnos a Figueres, recordamos que ahí nació Dalí.
Cerca de La Junquera pareció venirse el cielo encima, justo donde se tocan las montañas con las nubes.
Se vaticinaba tormenta, eléctrica nada más y nada menos.
Una tercera parada, la última. Hasta que llegamos y nuestro alojamiento fue mejor de lo que nos esperábamos, ya que personalmente conocemos personas que han vivido en partes de Francia, que nos dijeron que nos esperáramos poco espacio.

De todas formas tenemos que decir que todos los servicios a los que fuimos, incluido uno de un parking de caravanas tenían los baños en muy buen estado y muy limpios.
Con advertencias de mantener el lugar limpio para los usuarios.
En la frontera tenían habilitados pocos carriles, un solo puesto, muchas aglomeración de coches pero normal.
Vimos varios coches a los que habían parado y estaban registrando, teníamos preparados nuestros DNIs. Pasamos obviamente por Le Boulou…, que era uno de los lugares a los que quisimos ir. Y ya se notaba que estábamos fuera, por su mezcla de catalán, francés y español.
Pasamos por el restaurante la Letitia, y nos acordamos de La Leti, dícese reina de España.
Y por una especie de museo de atracciones al que no fuimos, pero por el que pasamos cerca por carreteras que parecían secundarias. Llamado La Ferme Aventure.
La casa de nuestros anfitriones es preciosa, tamaño medio, tirando a grande, pero desde luego es espaciosa. Dos plantas. Un garaje para dos coches aprovechando patio delantero. Y patio trasero con árboles y zona de sentarse tranquilamente.



Una decoración intachable, lleno de motivos africanos y asiáticos.
Con más de cuatro habitaciones, dos plantas de casa pero muy bien administradas, poca decoración, nada recargado pero si visibles.
Aseo y varios baños grandes, sauna, patio delantero, y trasero, con tumbonas, limoneros, césped artificial… Por respeto no hicimos foto de todo.
Barrio obrero, pero muy bien conservado.
Descansamos un par de horas en el alojamiento, el anfitrión nos saludó, y estuvimos hablando de lo que podíamos usar, cual era nuestro baño, etc.





Después fuimos andando y sin que nos diéramos cuenta acabamos en el barrio chungo, la otra cara de la ciudad, el barrio más desfavorecido, salimos bien parados, nos dejaron movernos con libertad, algunos nos saludaban cortésmente; señoras con sus críos en las calles, calles super estrechas cortadas, edificios roídos, ventanas y puertas abiertas, grafitis chungos, señores paseando, grupos y grupos de gente por todas partes con pinta de andar por casa hablando un poco alto.
Obviamente de eso no hicimos ni media foto. Cómo comprenderéis.
En Perpignan la gente no eleva la voz. No le hace falta.
Encima anocheciendo ya…
Volviendo ya en zona un poco más normal, menos pintoresca, compramos algunas cositas en un carrefour, y cenamos en un KFC, unas hamburguesas con influencia india, que un poco caro, no acostumbran a dar ni salsas ni ketchup.



A la vuelta al alojamiento, vimos en nuestra avenida iluminada con gente joven haciendo ejercicio, flexiones, y mantener una bola sosteniéndola en el aire pegándola puñetazos controlados, y un niño de menos de diez años jugando a la petaca a las once de la noche.
Primera visión de las personas que cohabitan en esa zona de nuestro alojamiento, árabes y negros, es lo que más se ve por los parques, las avenidas.



Por la mañana, Miércoles, una buena ducha y rumbo otra vez a la ciudad, me puse unas cuñas porque en principio no íbamos a desplazarnos a los sitios que queríamos ver andando, pero oh, sorpresa de nadie, caminamos, así que dentro de cuatro horas ya os contaré como están mis pies.
Desayunamos en un mini puesto por cinco euros un zumo de naranja y un bollo, el zumo muy rico, el bollo…
Y pusimos rumbo al palacio de los Reyes de Mallorca.
No sin antes pararnos por el camino, justo al lado del barrio chungo, a ver todo lo que nos llamaba la atención.




Al estar todo en francés, no me enteré de nada, y como quería ver, está vez no me paré a intentar leer y entender, aunque fuera traduciendo con el móvil, lo que ponía.
Pero luego informándome busqué la información. La tendréis detallada en un video.
Unos muros gruesísimos, unas escaleras angostas, y el alrededor también parte llena de arboles para la nula visibilidad, de foráneos por el exterior.
Más que un palacio parece una fortaleza, con sus gruesos muros alisados de ladrillos y su suelo empedrado.
Así que después de esa cuesta infernal y unas escaleras del demonio, primero vimos los jardines delanteros.







Luego el «patio delantero» donde estaban montando un escenario para algún espectáculo del que no llegamos a enterarnos.
Construido por Felipe the second.
Nosotros ya desde los jardines, que por cierto nos encantó que tuvieran carteles los arboles, con sus nombres y características.
Pero ya desde ahí viendo las zonas medio escondidas nos imaginábamos que eso eran calabozos. De la cuesta y de las escaleras, varias de varios tipos, que vimos por ahí, algunas escondidas solo podíamos pensar en que lo construyeron así para ponérselo más difícil al enemigo si llegaba hasta ahí y que se cansaran más los soldados.
Había también muchas puertas cerradas, partes que no tenían acceso turístico, aunque nosotros lo intentábamos igual.
A uno de esos accesos medio cerrado accedí, y pudimos ver el backstage, el detrás de bambalinas parece un lugar de almacenamiento, y se hace raro ver cosas modernas en ése entorno.
Y así con todo, habitaciones en las que imaginábamos esas ceremonias con todos muy bien vestidos y emperifollados bailando vals.
Recreábamos momentos en los que a los soldados capturados les hacían llegar hasta un lugar con el suelo un pelín diferente, se abrían las trampillas por sorpresa, y se iban directos al piso de abajo que había como un pozo.
También hay partes remodeladas, y sobre todo que están trabajando en ellas a modo de restauración para poder admirarlo y mantenerlo como en aquella época. Sin duda en general ha sido un acierto.
No terminé de enterarme de mucho, ésta vez no me paré a leer, por lo que no sé muy bien la historia. Pero para este artículo y para aprender lo bichearé por internet.
Aún así en ese momento nosotros nos inventamos nuestra propia película, como por ejemplo que esos pasadizos eran para desertores, o donde ayudaban a escapar a los encarcelados.











Tienen exposiciones y una zona digitalizada con proyectores para las paredes con animaciones. Tenían cámaras de vigilancia pero estaban muy bien camufladas.
Y otra sala con una exposición de joyas.








Nos encantó que explicarán desde de qué lugar del mundo venía la materia prima, por lo poco que pudimos entrever, es un lugar relacionado con África y en qué condición trabajaban hasta los niños, nos pareció consciente que explicarán que estás personas trabajaron en condición de esclavos realmente.
Obviamente es un acierto ir con el mapa que te dan, numerado y con detalles explicativos e ilustraciones, porque de verdad es casi un laberinto, uno se puede perder ahí tranquilamente.
Terminamos a eso de las dos y por supuesto ya la planta de mis pies ya se empezaba a resentir.
Me quedé sin batería y sin espacio en el móvil ya el primer día.
Bajamos despacito a la civilización y comimos en un restaurante cuco, pequeño pero barato, limpio, rico, y la señora muy simpática, Ecuatofrancesa, donde además de comer divinamente pudimos cargar un poco los móviles.
Por una buena ensalada, un bol grande, una hamburguesa de bacon chula con salsas vinagreta mayonesa y salsa de pepino, dos refrescos, patatas, todo de un tamaño normal, unos 17 euros.
Pocos bazares asiáticos o de alimentación, pocos locutorios, y que no hemos visto casas de apuestas, eso sí inmobiliarias un montón, y caro todo también, pero sabiendo que cobran mensualmente más que España, no está tan mal.











Las aceras están pavimentadas con esa aleación de goma y plástico acolchado aislante que se pone en el suelo de los parques para que si los niños se caen no se hagan daño, hay una zona entera pavimentada de esa manera, partes un poco más duras y otras como que puedes rebotar.
Es un acierto.
Volvimos al alojamiento, a descansar un poco y a cargar los tlfs de paso.
Por la tarde en una hora intentaremos ir al parque, antes de que nos cierre. Ahí las cosas cierran a las 18:30 o 19:00.
Parque Manzana Bir Hakeim: tamaño medio, lo justo, arboles de gran envergadura y altura, pocas esculturas pero muy significativas, una cabina librería, una fuente que va con rosca muy divertida y un maillol que no sé lo que es pero lo averiguaré, parece un mecanismo para el correo.
Comimos en un restaurante que se llama Hipopótamo, pero lo que les pedimos no nos terminó de convencer, la carne estaba buena de sabor, pero seca, y el entrecot al pedirlo bien hecho llegó un poco mazacote, por 22 euros un menú en el centro, lo demás estaba muy bueno. Y de vuelta al alojamiento.
El jueves, nuestro ya tercer día nos levantamos un poco más temprano, media hora, nos duchamos e intentamos ir a la playa.
Hacia viento y frío para meterse en el agua, pero buen tiempo si estas en cualquier otro sitio, un tiempo normal, de los que me gustan a mí, calor casi frío.
Metimos los pies, habíamos visto un cartel que ponía que había zonas a lo largo de toda la bahía que no eran aptas para nadar y otras que sí. Lo delimitaban con unas franjas en la parte playa pero qué seguían en el agua unos dos kms, por si no quedaba claro que en esas zonas delimitadas por las franjas no se podía nadar.
Así que caminamos descalzos, con el viento ondeando las olas, y el solecico calmandonos a nosotros.
Al rato, decidimos ir moviéndonos por las distintas zonas de la playa, solo para turistear y verla un poco.
Al levantarse ventisca, la arena te da en las piernas, y en este caso también nos venía de costado a la cara.
Para hacerlo más fácil ponen alfombrillas hasta casi el agua, como una pasarela, y un caminito de madera con banquetas al lado.
Baobab, un chiringuito cerrado, con su decoración, Pajote del Mar, otro chiringo, que así lo bauticé por su semejanza acustica, y un mar lleno de margaritas.
Eso sí, en el puerto, si paraba el viento te asabas. La maison de las velas blancas.
Donde hemos comido espectacularmente.
Port lecautte. Por restaurante La mejor casi. Conocimos a un argentino que le llamaron, dueño de restaurantes y franquicias en otros paseos marítimos de las zonas, que su mujer trabajaba en la cocina. Y le llamaron exclusivamente para que nos explicará cada ingrediente y preparación de los menús para que así pudiéramos elegir mejor, y nos estuvo dando conversación hasta que nos trajeron la comida. Una de esas personas de luz que llegan y tan espléndidos se van pero dejan una bonita estela e impacto.













El paseo marítimo es el más raro que he visto en mi vida.
Porque no está a pie de playa, sino que pasa por casas, el puerto, que está como dos o tres calles enfrente metido por una carretera, y miniurbanizaciones, y luego los chiringuitos y casetas de playa también hacen una forma rara en zigzag, o algo así.
Fijaros si está raro que hay flechas que han pintado en el suelo y en algún que otro árbol, para que la gente no se pierda.





Esos baños que parecen casitas de mar. Tienen un sistema que nos ha encantado.
Auto alarma a las quince segundos, tienen para cambiar a los peques, papel higiénico de sobra, y un sistema que se tira de la cadena solo y de limpieza automática del suelo cuando se va la persona y se cierra la puerta, con lejía.
Eso sí, la experiencia playa en sí, un poco desastre. Volvimos a intentarlo, el agua estaba más fría, algunos nos pusimos el bikinini que nos va quedando ya pequeño, (la parte de arriba) en el coche, llegamos a la orilla, con la ventisca esa del diablo, pegandote la arena en las piernas, en la espalda.
Aún así, me metí al agua, semicongelada pero a mí me sentaba bien por la circulación sanguínea, lo notaba revitalizante.
Cuando salí quisimos estar un rato sentados pero fue imposible, se levantó un aire que no se podía ni ver con la arena, y claro el cuerpo acribillado a arenazos.
Ludotecas grandes con juegos externos en la misma playa; un parking privado en la misma playa tb.
Quisimos esperar por si amainaba la cosa, pero pasaban los minutos y nada, decidimos buscar otra playa, al levantarnos salieron volando unos calcetines y una camisa al agua, corrí un poco, me metí al agua y los cogí, otra vez subiendo volvió a salir volando está vez un sombrerito de palmeras muy cuco, volví a recalcular dentro del agua, otra vez y lo cogí.
Nada de lo que voló era mío.
Llegamos a parte de uno de esos paseos marítimos tan raros, a secarnos un poco y medio vestirnos.
Finalmente llegamos al coche, nos secamos mejor, sacudidas un poco más de arena, nos pusimos crema hidratante y solar, y fuimos de camino a la playa que nos recomendó la señora del restaurante de ayer.
Canet en Roussallin. Mala idea. Como la lluvia de arena de Colliure.
A las 17:15 de la tarde, no nos queda mucho tiempo antes de que anochezca, y suele ser la hora de «cenar» ya casi, no ha dejado de soplar, aunque ya no tan frío como esta mañana, pero sí con la misma o mayor intensidad, y tengo arena en esas partes que no se puede una apañar ni en esos maravillosos baños públicos ni en el coche.
Es más tradicional, el viento no pega igual, pero aún así se levanta un poco de aire, casi calentito.
No hay baños inteligentes tan apañados, pero bueno, las paredes de baldosas y el suelo de imitación de madera, todo con un polvo de arena, está vez sin agua, aunque esté la instalacion pero no sale, papel sí pero no tan sofisticado, y eso sí sin tiempo alarmado y con lo mismo de que cuando te vas es cuando tira solo de la cadena.
Volver al hotel, ir a tomar algo en un puff, cerraban pronto.
Vuelta nocturna por otra parte del puente en el lado más urbano.
Pasando por unas vías del tren, habilitan un camino estrecho a un lado con delimitación de alambre, a esas horas no pasó ningún tren, menos mal, había poca iluminación.
Con razón todo el mundo nos recomendaba el otro camino para llegar a nuestro hospedaje.
Al día siguiente, Viernes, fuimos a otro de los sitios que nos había dicho el anfitrión, donde hay un castillo también, estaba a veinte minutos de Perpignan, el paisaje era precioso.
Les Barcales.
Es un castillo que a los pies tiene el mar, no hay mucha zona de playa en sí, pero convirtieron el rompeolas en un minipaseo marítimo.
Estaba saturado de gente, saturado de puestos, ahí está enterrado, la tumba de Antonio Machado.
Compramos la entrada para el fuerte, es grande, se tarda bastante en recorrerlo, y tiene pasadizos subterráneos y calabozos. Además hay una exposición de los exiliados españoles a Francia, a Perpignan, con una especie de alcantarillas por donde se les escondía.



Después dimos un paseo por la parte más turística y eso que es pequeño el pueblo pero parecía masificado de la gente que había. Vimos la tumba.
Dimos una vuelta por el otro lado del barrio donde nos hospedamos, como hacia la parte de atrás. Se vio más obrero aún, como si ahí se congregaran las viviendas de protección oficial del estado pero de gente honrada, no se veía desfase ni nada alocado. Ni irrespetuoso con el barrio.
Cenamos cositas que habíamos comprado, sobre todo la fruta que no me falte, en el balcón.
El sábado nos levantamos medio temprano pero hasta que nos pusimos en marcha, casi nos hubiera dado igual, porque salimos más o menos a las mismas horas.
Los horarios son curiosos, porque nuestras horas de desayuno, almuerzo ya era hora de comida, y hay muchos lugares que no abren hasta su hora oficial de comidas.
De todas formas fuimos a un polideportivo peculiar.



Al aire libre que combina canchas y «estadios» donde la gente practica deporte oficialmente, gente de cantera, federados; con espacios verdes y gente que hace caminatas o corre, gente normal que hace ejercicio.
Para cenar fuimos a una zona de poligonos que estaba cerca de donde queríamos ir después. Buffet de D’oile. Tenía un portero, te ponían una pulsera o algo así para el parking, te traían agua, aparte de la bebida que venía incluida en el precio. Se paga al salir, y te invitan a un chupito. Barato y con carnes nuevas y muchas más salsas y preparaciones muy ricas y muy buenas, de varios lugares del mundo, incluida África.
Fuimos por la zona de discotecas, a otro puff que al ser ya fin de semana oficial pues cerraban un poco más tarde, en la zona más interna, nos metimos finalmente en una especie de puff americano, bastante amplio.
Cuando entramos no había casi gente pero poco a poco se fue llenando. Nos bebimos dos copas, vimos gente, un tipo en particular, que ya iba pasado de alcohol, » «(koff koff, uy, que casualidad que me ha entrado la tos).
Había dardos, y pusieron algunas canciones electrónicas, y otras de trap.
Al día siguiente Domingo, limpiamos todo, nos despedimos de los anfitriones, y emprendimos el regreso a casa, no sin antes pasar por otra playa. Con un día magnífico, sin viento, con más gente y donde de vuelta comimos muy bien.
Luego fuimos a jugar al minigolf, estaba como en una zona medio remota con algunas cosas pero cerca de la autovía; que salió un poco caro, no sé si salieron cerca de 20 euros dos entradas, había zona exterior, con un mini chiringuito al lado de la caseta con muy poquinas cosas que se pueden tomar, y que se pagaban aparte.
Alguien fue tramposo pero quedamos bastante bien igualados, ganó una servidora, pero por poco. Éramos casi los únicos, a las 17:00 de la tarde, con más de 35°, total el caso es que cuando estábamos terminando aparecieron un par de personas más. Y nos amenizabamos y nos cruzábamos los unos con los otros, muy divertido todo.

Y para aprovechar fuimos al interior, pagando otras dos entradas. Ése fue más divertido, aunque perdí por mucho.
Fuimos después a comprar provisiones para el viaje.
Y finalmente así despedimos Mayo, Hybrid.
Tendréis un vídeo en nuestro canal de Youtube.
















































































































































































































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