H. F. G

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Anatomía De… La Momia (Stephen Sommers, 1999)

Diez años después de que Indiana Jones echara el cierre (temporal) a sus aventuras cabalgando hacia el horizonte en «La última cruzada´´, apareció un candidato a digno sucesor.

El director Stephen Sommers, un enamorado de los monstruos clásicos de la Universal (Drácula, Frankenstein, etc.), estrenó su película más conocida y exitosa en el verano de 1999 con «La momia´´, un título que rescataba del olvido a uno de estos monstruos.

Interpretado en su versión clásica por Boris Karloff, el espíritu de un sacerdote momificado a causa de un amor prohibido que regresaba de entre los muertos en busca de venganza y, valga la redundancia, amor, heló la sangre de más de uno en los años 30.

Sommers lo adaptó para un nuevo público con una superproducción que mezclaba de forma exitosa aventuras, acción, comedia, romance y un pequeña pero efectiva dosis de terror.

Al menos, a mi yo de nueve años le era muy difícil no sentir escalofríos con aquellos escarabajos devoradores de carne o esas momias abriendo sus bocas gigantescas.

Fue así como nació el éxito inesperado de finales de siglo, «La momia´´. Una cinta que conectó con públicos de todas las edades y que revivió, con el permiso de «Tomb Raider´´, el amor por la arqueología y las aventuras en plena época post Indiana Jones.

¿Cuáles fueron las razones de su gran éxito? A la hábil mezcla de géneros antes descrita, y que garantizaba que hubiese en la película un poco para todos los gustos, hay que sumar algunos otros factores.

En primer lugar, la trepidante dirección, obra de un artesano como Sommers ya curtido por aquel entonces en el género de aventuras gracias a títulos como la versión en carne y hueso de «El libro de la selva´´ o la cinta de culto «Deep Rising´´.

Los impresionantes efectos especiales son otro factor a destacar. ¿Quién no recuerda aquella tormenta de arena con la boca de la momia apareciendo para tragarse una avioneta?

En pleno auge de los efectos digitales, la cinta lograba un equilibrio entre su uso y una sensación de fisicidad y realismo que permitía al espectador sentirse en medio de la aventura.

Por supuesto, no se puede hablar de «La momia´´ sin mencionar a su reparto, empezando por un Brendan Fraser recientemente oscarizado que bordaba aquí el papel de canalla con corazón, el aventurero Rick O´Connell.

Acompañándole, Rachel Weisz conseguía ser algo más que el interés amoroso, aportando carácter, inteligencia y personalidad a su Evie, una bibliotecaria que pasaba de saber todo gracias a los libros a lanzarse a la aventura de su vida.

Cerrando el triángulo de encantadores protagonistas tenemos a John Hannah como Jonathan, el cínico hermano de Evie que funcionaba como principal alivio cómico de la cinta y con el que llegabas a encariñarte pese a su avariciosa personalidad.

Pero toda aventura requiere de un gran villano, y por eso no podemos olvidar a Arnold Vosloo como Imhotep, el sacerdote maldito que regresaba de la muerte para traer de cabeza a nuestros protagonistas, y con ellos al mundo.

Un villano aterrador, carismático y con un punto de romanticismo.

La historia no presenta grandes variaciones respecto al clásico de los años 30: unos arqueólogos reviven por accidente a una momia, y deben encontrar la forma de detenerla antes de que convierta a la reencarnación de su amada en un ser como él, y domine el mundo.

Sin embargo, el acierto del guion es, como ya se ha dicho, convertir la premisa en una aventura para todos los públicos que mezcla diferentes géneros en su coctelera y engancha a diferentes tipos de público, creando un fenómeno de masas.

Quizás las nuevas generaciones la encuentren algo anticuada, y otros pueden acusarla de ser un producto de estudio prefabricado para las grandes masas.

Pero creo que es justo atribuirle algún mérito a la formula aquí empleada, que el director intentó replicar en su secuela y en «Van Helsing´´, otros dos homenajes a los monstruos clásicos mucho más irregulares.

Sea como sea, un clásico de aventuras que marcó a mi generación.

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